Relato fotográfico Surcos Nº 09
Por Juan Pablo Meneses Las mujeres ganamos menos que los hombres. Las mujeres somos más golpeadas. Las mujeres tenemos más dificultades para acceder a cargos ejecutivos. Las mujeres solemos ser mostradas como figuras decorativas en la publicidad. Las mujeres sufrimos más el desempleo. Las mujeres cargamos mayor responsabilidad por los hijos. Las mujeres somos más discriminadas por la edad. Las mujeres tenemos menos escaños en el Parlamento. Las mujeres tenemos menos contratos en blanco. Las mujeres somos segregadas por el físico. Las mujeres tenemos más problemas laborales al quedar embarazadas. Las mujeres tenemos menos carteras ministeriales. Las mujeres somos más. Leticia trabaja en Santiago, la capital de un país que tiene a una mujer como favorita en las encuestas presidenciales. Leticia es ingeniera agrónoma de la Universidad de Chile, tiene un MBA en la Universidad de Barcelona, ya cumplió treinta años y es soltera. En su trabajo ocupa un buen cargo, tiene gente a su mando y suele ser muy bien calificada: especialmente al asumir responsabilidades y trabajar bajo presión. De alguna manera Leticia, que habla rápido y le gusta ejecutar, podría ser vista como la cara de una nueva mujer que irrumpe en Latinoamérica. Profesionales jóvenes, preparadas, ejecutivas, que no les temen a los desafíos y que se han podido abrir espacios en un continente con cifras particularmente machistas: el 2004, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo calculó en varios países del mundo el ?Índice de Empoderamiento de Género?, que mide la participación de las mujeres en el mercado laboral y en las instituciones políticas. En las primeros cuarenta naciones con mejor participación de las mujeres había sólo cuatro de toda Latinoamérica. Por cierto, Chile no era una de ellas. ?¿Tú crees que a mí no me han discriminado? Ja ja, estás loco ?dice Leticia, con buen humor, antes de confesar que no descarta la idea de irse a trabajar a otro país. No es raro toparse con historias como la de Leticia, pese a que la agenda electoral chilena insiste en poner el tema de una mujer con serias aspiraciones presidenciales como el saldo de una cuenta pendiente. Otra vez, una más, lo que se ve en la televisión y en los diarios poco tiene que ver con la realidad. Así como el escritor Pedro Lemebel descree del supuesto ?destape gay chileno?, y sólo lo circunscribe a una mediática salida del closet de un par de modelos y figuras de la televisión, musculosos y guapos; en el tema de las mujeres y el poder ?no sólo político? el asunto no parece generalizado. Peor aún, se puede dar la paradoja de que la elección de una mujer como presidenta termine eclipsando ?por no decir frenando? el avance femenino en otros ámbitos menos expuestos a los focos y flashes noticiosos. ?Hace unos meses postulé a un cargo ejecutivo en una de las dos principales empresas pisqueras de Chile ?dice Leticia, sin necesidad de explicar que en Chile las empresas de pisco son muy fuertes, y que en el norte del país resultan casi emblemas regionales. El cargo era de nivel gerencial. Leticia pasó con ventajas todos los filtros. Tanto, que la reunión final era con el gerente general de la pisquera. La reunión tuvo lugar en Santiago, y en este siglo. Mientras en las radios y en las pantallas se hablaba por primera vez de una mujer con posibilidades reales para la presidencia, Leticia entró a la reunión. La charla fue amena. Ya le habían advertido, en las primeras instancias de la postulación, que el cargo implicaba un traslado a la nortina ciudad de Ovalle. Ella lo sabía. Por eso había postulado. ?Hasta que en un momento de la conversación el gerente general me cuenta que le gusta mi perfil, que es lo que andaban buscando, pero que yo tenía dos problemas. Me lo dice textual: ?Me pareces adecuada, pero tienes dos problemas para el cargo?. Si bien la proporción de parlamentarias en América Latina es apenas del 15 por ciento, las cifras de participación de mujeres en cargos ejecutivos es incluso menor. Para las empresas privadas no hay cuotas legales ?ni petitorios al respecto? para un mínimo de mujeres contratadas, y sólo en Colombia, dentro de Latinoamérica, se aplica una ley de cuotas que llega a cargos estatales administrativos y no sólo legislativos, como por ejemplo ocurre en Argentina. Aunque muchas revistas femeninas, dirigidas por mujeres, insistan en poner como tendencia a ?mujeres poderosas? en sus reportajes, la verdad es que terminan siendo excepciones a la regla: ?Sin contar con que a esas minas que aparecen, todas fuertes, ganadoras, victoriosas, falta poco para que les dibujen el falo?, me declara una periodista chilena que trabaja en una de ellas. Leticia tenía dos problemas para el cargo. Ella se estaba enterando ahí, en la reunión con el gerente general de una poderosa embotelladora de pisco, en el país donde la piscola ?mucho más que el pisco sour? es trago nacional. Pero no sabía cuáles eran sus problemas. Y el tipo no estaba bromeando. Lo dijo serio. ?El primer problema es que no tienes mucha experiencia en el trabajo de parrones. El segundo problema es... que eres mujer. -o- Es de noche, pero dentro de un estudio de televisión eso no se nota. En vivo, la iluminada escenografía del programa ?Gigantes con Vivi? de Canal 13 se ve más deslucida y los cutis más opacos. Es el 9 de abril de 2005 y a pocos metros, con las cámaras apuntando al escenario, Michelle Bachelet se esfuerza cantando Imagine de John Lennon. ?Imagina a toda la gente viviendo para hoy. Imagina que no hay países. No es difícil hacerlo?, entona en inglés y con afinación débil la todavía precandidata a la presidencia de Chile. La misma mujer que, según todo tipo de analistas, será elegida presidenta de Chile. La candidata que fuera de su país es apenas un nombre extraño y difícil de pronunciar pero que, posiblemente, a partir de diciembre del 2005 (cuando son las elecciones), o de marzo del 2006 (cuando deberá asumir si todas las encuestas están en lo cierto), termine por transformarse en un nuevo referente continental. Michelle Bachelet no tiene la cara dura y seca de las ?mujeres de hierro?, ni los peinados ampulosos y estirados de las ?mujeres de presidentes?: dos perfiles clásicos de las mujeres en política. La candidata socialista sonríe y saluda, con esa amabilidad distante y superior que se enseña en las escuelas de medicina para atender a los pacientes durante las consultas. La doctora buena onda. La tía confidente. La profesora que nos deja copiar. La reiki master. La cantante de Imagine. Cuando termina de cantar todos aplauden. Ella se ríe. Al final del programa la animadora Vivi Kreutzberger, hija del popular Don Francisco que triunfa en la TV de Miami, se junta con Michelle Bachelet y Soledad Alvear. Las tres mujeres a toda pantalla. Sólo Vivi agarra el micrófono y lo va poniendo cerca de la boca de cada candidata, según sea la que habla. Entre las dos postulantes se desean suerte. Hablan de que será una contienda limpia. El programa tiene alto rating. Por primera vez, en casi 200 años de país independiente, está tan cerca la posibilidad de ver a una mujer dirigiendo el rumbo de Chile. El productor pide al público que aplauda. Vivi, que ha tenido a las dos mujeres hablando de sus hijos y de los costos familiares de la aventura política, ha logrado juntarlas antes que en cualquier debate formal. Con una sonrisa de satisfacción la animadora del programa grita: ?Y ahora vamos a comerciales?. A las pocas semanas, Soledad Alvear retira su precandidatura a la presidencia. Argumenta falta de compromiso de su partido, la Democracia Cristiana. ?Declino mi candidatura y me sumaré al trabajo de Michelle?, dice, despejándole el camino a Bachelet. ?Si fuera hombre habría tenido más apoyo de mi partido?, alcanza a declarar por televisión antes de salir del primer plano noticioso, justo antes de que los informativos se fueran a comerciales. -o- El poder de las mujeres se llama un texto que publico Tomás Eloy Martínez en The New York Times en 1999. Ahí, el autor de Santa Evita dice: ?Todos los dogmas son falsos, pero tal vez ninguno es más falso que el dogma según el cual las mujeres son más aptas que los hombres para el gobierno de la casa y los hombres son más aptos que las mujeres para el gobierno de la sociedad?. Aunque, finalmente, el desfile de cifras siempre marcha hacia aquel dogma del que habla Tomás Eloy Martínez: Que apenas el 15 por ciento de los parlamentarios continentales son mujeres, o que en Brasil sólo hay cuatro ministras, o que en Argentina la ministra más relevante es la hermana del presidente, o que en el gabinete del presidente Hugo Chávez hay cuatro ministras en 22 ministerios. La periodista Ana Khan es de Venezuela. Además de ser jefa de redacción de una revista de Caracas, tiene una mirada novedosa sobre el tema: ?La verdad es que en Latinoamérica la mujer siempre ha estado orbitando en la esfera política. Desde la amante de Simón Bolívar hasta Evita. Lo que pasa es que hoy día ese acercamiento se ha legitimado porque la mujer forma parte del estado. Y eso es normal si tomamos en cuenta, por ejemplo, que hoy en día es mayor su asistencia a las universidades. La educación es fundamental para toda movilidad. En el caso de Venezuela, por ejemplo, la obligación de educación escolar desde el siglo XIX ha permitido que tengamos, por ejemplo, un presidente como el actual. ?¿Sientes que ayuda la educación? ?Siento que ayuda muchísimo. -o- Michelle es rubia, de ojos claros y sonrisa eterna. Tiene 52 años, un título de médico cirujano y tres hijos. Es socialista, es libra, es dragón y es de contextura gruesa. Los primeros meses de campaña su contextura estuvo presente. Otra mujer, la alcaldesa de la ciudad de Concepción, militante de la coalición contraria, fue la primera que bromeó con el sobrepeso de la candidata. Pero no sólo desde el bando opositor se tocó el tema. El 21 de agosto pasado, entrevistado en el diario chileno La Tercera, el ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, se refirió a la candidata presidencial de la Concertación como ?mi gordi?. Días más tarde, el secretario de Estado declaraba: ?Cuando uno ha tenido una larga amistad con una persona, y qué sé yo, la trata de 'chiquillo', 'chiquita' o 'gordita', y seguramente inconscientemente se me escapó, pero es un resabio de machismo, es muy indebido. Ninguna ministra se referiría a un candidato como 'gordito' o 'chiquito', así que me disculpo. Creo que todavía los chilenos tenemos que hacer más progresos en términos de nuestro trato igualitario con las mujeres. La respuesta de la candidata a la presidencia de Chile no había tardado en llegar. Molesta, Bachelet aclaró que nadie, ni sus amigos más cercanos, la trataban así. Pero el tema no es nuevo en América Latina. ?En Brasil, muchos legisladores aún se dirigen a sus pares mujeres como "mi amor" o "querida", lo que indigna a diputadas y senadoras ?relató hace poco a la agencia IPS la asesora parlamentaria Milena Calazans, miembro de la organización no gubernamental Cfemea, encargada de impulsar proyectos que tengan que ver con el interés femenino en el Congreso brasilero. En Argentina está el caso Silvia Augsburguer, concejala del Partido Socialista, quien propuso en enero de 2005 al cuerpo legislativo de Rosario, su ciudad, que se elaborara un manual de lenguaje administrativo no sexista. ?Es la primera iniciativa de este tipo en el país?, declaró la concejala. Margarita Posada, joven periodista colombiana, no comparte estas instancias: ?Me parece una tontería. Una falta de oficio. Uno pelea individualmente por sus sobrenombres y apodos. ¿Ahora lo van a convertir en lucha de género? Eso es una lucha individual?. -0- ?El primer problema es que no tienes mucha experiencia en el trabajo de parrones. El segundo problema es... que eres mujer. Leticia estaba sentada cuando escuchó el comentario. Se lo decían directamente. La experiencia en parrones la podría adquirir rápido, tenía ganas y nunca tuvo dificultades para aprender. Pero lo de que ser mujer fuera el otro problema, no se lo esperaba. Debido a esa misma sorpresa, no dijo nada. Y si bien en países desarrollados esa frase puede ser causal de demanda y de un juicio laboral, en América Latina un alegato oficial a partir de tales discriminaciones es algo que sólo se ve en las películas que llegan desde Estados Unidos. Finalmente el cargo fue ocupado por un hombre. Leticia sigue trabajando, y baraja algunas posibilidades para continuar su carrera profesional en organismos internacionales fuera de Chile. Las últimas encuestas dan ganadora a Michelle Bachelet en primera vuelta. Y aunque Churchill decía que en política las cosas cambian demasiado rápido, el asesor del Ministerio de Hacienda que me dijo ?ahora vamos a tener que ser todos feministas o nos quedamos sin trabajo?, ya parece tener clara su estrategia para afrontar lo que puede venir. Por eso muchas chilenas creen que, finalmente, la elección de una mujer terminará por aumentar la discriminación hacia las mujeres. ?En un país con una mujer presidenta nadie más se va a poder quejar de la postergación de la mujer?, es la frase que, según cree Leticia, se puede comenzar a repetir a partir de marzo. Antes de marzo está la campaña, y en la campaña por la presidencia la candidata mujer siempre ha corrido con ventaja. Aunque su historia personal cuenta que no siempre fue así. Michelle Bachelet estudió en el Liceo público Nº1 y proviene de una familia militar. Su padre fue Alberto Bachelet, un general de aviación que fue ministro de Salvador Allende y que murió en 1974, un año después del golpe militar, de un ataque al corazón mientras era prisionero de los golpistas en Santiago. Según informes médicos, el padre de la actual candidata era constantemente sometido a torturas. Michelle Bachelet estudiaba medicina el año que bombardearon la Moneda con Allende dentro. La propia Michelle y su madre fueron llevadas a un centro de detención, la Villa Grimaldi, donde pasaron un mes y fueron torturadas. Tras ser liberadas viajaron a Australia. Posteriormente se trasladaron a Alemania Oriental, donde residieron cinco años. De vuelta a Chile, Michelle retomó sus estudios de medicina, titulándose en 1983. Con la vuelta de la democracia, comenzó la carrera pública que hoy la tiene liderando las encuestas: primero como asesora de la Subsecretaría de Salud, luego como asesora del Ministerio de Defensa, luego como Ministra de Salud y finalmente como Ministra de Defensa. Fue la primera mujer en la historia de Chile en ocupar ese cargo. -o- ?En el gabinete de Michelle Bachelet va a haber la mitad de los ministros hombres y la mitad mujeres?, me dicen en el comando de la candidata chilena. Sin bien, al comienzo de la campaña, la propia Bachelet había hablado de ?paridad?, el pasado 8 de septiembre ?cuando inscribió oficialmente su candidatura en los registros electorales? se refirió a que en su gobierno la acompañarían ?las mejores personas?. En Argentina, el asunto de las cuotas de participación de mujeres en política es ley vigente desde 1991. Y así se ha llegado a los siguientes resultados: de los 71 senadores, 31 son mujeres y 40 hombres. En la cámara baja, hay un verdadero empate técnico: 124 diputadas y 131 diputados. Los países de la región que han adoptado cuotas son Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela. Una de las paradojas es Nicaragua. El país de Sandino no tiene en su legislación un sistema que discrimine positivamente, pero, de todas formas, tiene el segundo puesto con relación al porcentaje de mujeres presentes en la Cámara Legislativa: más de un 20 por ciento. La otra paradoja es Chile. Un país sin cuotas, con uno de los porcentajes más bajos de mujeres en el Congreso y que, sin embargo, puede terminar convirtiéndose en el único país de Latinoamérica gobernado actualmente por una mujer. Y no se trata de la viuda de un prócer, sino de una mujer divorciada un par de veces, lo que puede sonar extraño para el país con fama de ser el más conservador de Latinoamérica. ?A la gente ya no le importan esas cosas?, es el análisis de los encuestadores, aunque otros argumentan que en realidad la desmovilización política es generalizada. Como dice la historiadora chilena Sofía Correa, ?la desmovilización ciudadana asegura, por otra parte, un quehacer político en el silencio y en el secreto, donde se establecen procesos de negociaciones y delicados equilibrios que no se presentan a la ciudadanía?. En ese escenario, la inclusión de una mujer ha venido a subirle el rating a una campaña donde los programas de oposición y gobierno son prácticamente iguales. Los contrincantes políticos de Bachelet en diciembre próximo son tres. Ülúltimo en las encuestas, levantando la bandera de los marginales que el modelo deja afuera, está Tomás Hirsch, del Partido Humanista, que va por la coalición ?Juntos Podemos?. Esta alianza que reúne a humanistas, comunistas y ecologistas no tiene representación parlamentaria. También estarán en la papeleta los dos candidatos de la derecha chilena que busca forzar una segunda vuelta electoral: uno es Sebastián Piñera, de Renovación Nacional, empresario que entre muchos otros negocios es dueño de Lan Chile, y que representa a una derecha más moderada (es el único de su partido que en el plebiscito de 1988 votó por que Pinochet NO siguiera en el gobierno). El otro es Joaquín Lavín, de la derecha más activa durante la dictadura militar, numerario del Opus Dei, y que en las elecciones pasadas perdió en segunda vuelta con Ricardo Lagos. Precisamente ha sido Joaquín Lavín, uno de los dos candidatos que lleva la oposición de derecha, quien ha declarado, en las últimas semanas, ?Bachelet gana porque es mujer?. -0- La periodista y novelista mexicana Elena Poniatowska dice que la lucha de las mujeres en América Latina ?es muy dura?, y como ejemplo pone el tema de que las mujeres que se dedican a la literatura ?o son solteras o son suicidas. Y la lista de mujeres suicidas es enorme: la escritora puertorriqueña Julia de Burgos, a quien encontraron muerta y depositaron en un anfiteatro con una señal en el pie que decía que no había sido reclamada; Alfonsina Storni, que entró por su decisión al mar y se ahogó y después las olas devolvieron su cuerpo a la playa?. Entre las mujeres que han llegado a la presidencia en Latinoamérica, que no son más de diez, el universo está formado principalmente por viudas, solteras y divorciadas. La primera en llegar a una presidencia latinoamericana fue la argentina María Estela Martínez, aunque la viuda ?y tercera esposa? de Juan Domingo Perón no llegó de manera directa la presidencia: ella era la vicepresidenta y asumió tras la muerte de su marido. Otra mujer que llegó al poder de manera indirecta fue la boliviana Lidia Gueiler Tejada, quien fue presidenta provisional en 1979, designada por el gobierno, pero a los ocho meses, y al igual que Isabel Perón, un golpe militar dejó inconcluso su mandato. La nicaragüense Violeta Barrios de Chamorro llegó a la presidencia concitando el apoyo hacia su fallecido marido Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, dirigente opositor al régimen de Anastasio Somoza Debayle. Chamorro gobernó siete años tras vencer a Daniel Ortega en su reelección. Este grupo, en el de las viudas famosas, también lo integra la panameña Mireya Moscoso: viuda del presidente Arnulfo Arias, llegó al poder tras perder las elecciones de 1994 y derrotar en 1999 a Martín Torrijos. Por esos años, junto a Moscoso fue elegida popularmente la puertorriqueña Sila María Calderón en noviembre del 2000, siendo la primera gobernante puertorriqueña. En Haití está el caso de Ertha Pascal Trouillot, quien, tras recibir el poder de los militares ocupó la presidencia provisional en 1990 durante seis meses, convocó a elecciones y entregó el mando a un sucesor electo, completando la transición. (fue así?). Más breve aún fue la administración de la ecuatoriana Rosalía Arteaga, quien se autoproclamó presidenta tras la crisis institucional que desatara la destitución por incapacidad de Abdalá Bucaram en 1997. Arteaga gobernó menos de una semana. En Chile, ya se han postulado dos mujeres antes que Michelle Bachelet. La Primera fue Sara Larraín, del Partido Verde, que sacó una muy baja votación en las elecciones de 1994. Y Gladys Marín, la emblemática dirigente comunista chilena, quien se postuló en el 2000, cuando ganó el actual presidente Ricardo Lagos. Fue en marzo pasado, precisamente para los funerales de Gladys Marín, cuando el propio Lagos impulsó la candidatura femenina de la Concertación, diciendo que ?Chile ya está preparado para una presidenta mujer?. Y aunque quizás se termine cumpliendo, y la presencia femenina también aparezca en los Ministerios, en el Congreso, en las Alcaldías e Intendencias, en la vida diaria la situación de la mujer sigue siendo muy desigual. ?Es muy difícil que te digan que uno de tus problemas es ser mujer ?opina Leticia, con la distancia de alguien que ha recibido reconocimiento profesional y académico dentro y fuera del país. En tiempos en que el gran nuevo tema de la mujer puede ser cómo seguir afrontando las desigualdades con una presidenta a la cabeza del país, recuerdo las frases que me fui encontrando en textos, diarios, documentos de organizaciones no gubernamentales, y en las propias mujeres que me iban diciendo, en diferentes momentos, pero casi a coro: Las mujeres ganamos menos que los hombres. Las mujeres somos más golpeadas. Las mujeres tenemos más dificultades para acceder a cargos ejecutivos. Las mujeres solemos ser mostradas como figuras decorativas en la publicidad. Las mujeres sufrimos más el desempleo. Las mujeres cargamos mayor responsabilidad por los hijos. Las mujeres somos más discriminadas por la edad. Las mujeres tenemos menos escaños en el Parlamento. Las mujeres tenemos menos contratos en blanco. Las mujeres somos segregadas por el físico. Las mujeres tenemos más problemas laborales al quedar embarazadas. Las mujeres tenemos menos carteras ministeriales. Las mujeres somos más. 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